VII edición de la Ruta Literaria «Los Pueblos son Libros»
Llega el momento, para algunas personas, en que el Pueblo se les queda chicos, tienen proyectos de vida que cumplir, cosas que hacer que tienen encomendadas, aunque, al principio, pueden no saberlo. Quien sale de su pueblo, lo lleva siempre en su corazón y, algunos lo tienen integrado totalmente en su vida, estén en el pueblo o en la ciudad en la cual eligieron progresar.
Con estas actividades, se puede dar a conocer mucho más de lo que los vecinos pueden llegar a saber. Es importante saber de nuestras raíces, también importante dar a conocer lo que se experimenta, porque el conocimiento lo tenemos en usufructo, para cultivarlo y darlo a conocer a los demás, para tender la mano en esa escalera de perfección que todos transitamos.
Segunda parada: Calle Erita, «La Llegada»
La segunda etapa de la VII edición de la Ruta Literaria «Los Pueblos son Libros» estuvo dedicada a la migración y a una de las experiencias más complejas asociadas a ella: llegar a un lugar desconocido y tratar de convertirlo, poco a poco, en un nuevo espacio de pertenencia.
La parada, celebrada en la Calle Erita bajo el título «La Llegada», tomó como punto de partida las historias de vecinos y vecinas de Cabeza la Vaca que emigraron entre las décadas de 1950 y 1970. Las fotografías recuperadas para la actividad permitieron reconstruir una parte de la memoria colectiva del municipio y mostrar que la emigración forma parte de la historia reciente de muchas familias de la localidad.
Tras abandonar el lugar de origen comenzaba una nueva etapa marcada por la adaptación. Había que familiarizarse con otras ciudades, nuevas costumbres, diferentes acentos e incluso lenguas desconocidas. La llegada implicaba, por tanto, mucho más que un desplazamiento físico: suponía reconstruir rutinas, relaciones y formas de sentirse parte de una comunidad.
La propuesta estableció un vínculo entre aquellas experiencias del pasado y los procesos migratorios contemporáneos. Aunque han cambiado los destinos, las circunstancias y los motivos que impulsan a las personas a desplazarse, persiste una cuestión fundamental: la necesidad de encontrar un entorno dispuesto a recibir, acompañar y ofrecer oportunidades a quienes comienzan una nueva vida.
Literatura como espacio de encuentro
La literatura ocupó un papel central en esta segunda parada mediante dos autores con perspectivas diferentes sobre la experiencia migratoria.
Por un lado, se abordó Mi padre, el inmigrante, del escritor venezolano Vicente Gerbasi, una obra vinculada a la memoria familiar, el desplazamiento y la búsqueda de identidad. Por otro, se incorporó Desencajada, de Margaryta Yakovenko, novela que permite aproximarse a las tensiones que surgen al vivir entre diferentes referencias culturales y territoriales.
Ambas propuestas literarias sirvieron para ampliar la reflexión sobre cuestiones como la identidad, la pertenencia, la memoria y las dificultades que acompañan a quienes deben construir su vida entre el lugar que dejaron atrás y el nuevo espacio en el que intentan integrarse.
La participación de niños y niñas aportó además una dimensión especialmente significativa a la actividad. Sus intervenciones permitieron representar el movimiento, la esperanza y la posibilidad de acogida, conectando las experiencias de quienes emigraron desde Cabeza la Vaca décadas atrás con las historias de las personas que actualmente llegan a otros territorios en busca de una vida mejor.
Memoria local y sociedad actual
Uno de los principales valores de esta iniciativa reside en la capacidad de relacionar la cultura con la memoria de la comunidad. Recuperar imágenes y testimonios de quienes tuvieron que abandonar Cabeza la Vaca permite comprender que la movilidad y la búsqueda de oportunidades fuera del lugar de nacimiento no constituyen fenómenos ajenos a la historia del municipio.
La segunda parada de la ruta propone así una mirada basada en la empatía. Recordar la emigración de generaciones anteriores ayuda a comprender las dificultades que pueden experimentar las personas que llegan actualmente a una comunidad diferente de la suya. La distancia temporal no elimina los elementos comunes: incertidumbre, adaptación, nostalgia, búsqueda de estabilidad y deseo de ser aceptado.
En este sentido, «La Llegada» convierte una calle del municipio en un espacio de reflexión sobre la acogida y la convivencia. La literatura, las imágenes de archivo y la participación de los más jóvenes se combinan para construir un relato en el que pasado y presente dialogan entre sí.
Una iniciativa cultural colectiva
La organización de esta segunda parada fue posible gracias a la colaboración de numerosas personas y entidades. La participación de quienes aportaron recuerdos e imágenes, así como de las personas encargadas de la interpretación y del desarrollo de la actividad, contribuyó a dar forma a una propuesta que combina patrimonio, literatura y participación ciudadana.
El proyecto cuenta también con el respaldo de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura y de la Diputación de Badajoz.
Después de siete ediciones, «Los Pueblos son Libros» ha dejado de ser únicamente una iniciativa promovida desde el Ayuntamiento para convertirse en una propuesta cultural compartida por el conjunto de la localidad. Su evolución demuestra que un municipio de pequeñas dimensiones puede desarrollar actividades culturales con capacidad para generar reflexión, participación y conexión con su propia memoria.
Conclusión
La segunda parada de la VII Ruta Literaria «Los Pueblos son Libros» utilizó la literatura y la memoria local para abordar la migración desde una perspectiva humana y cercana. Las fotografías de los emigrantes de Cabeza la Vaca permitieron recuperar experiencias del pasado, mientras que las obras seleccionadas y la participación infantil trasladaron esa reflexión al presente.
«La Llegada» plantea, en definitiva, una idea sencilla pero profunda: toda persona que abandona su lugar de origen necesita encontrar un espacio en el que pueda reconstruir su vida y sentirse reconocida. Al recuperar la memoria de quienes un día partieron del propio municipio, Cabeza la Vaca establece un puente con quienes hoy llegan desde otros lugares.
La ruta continúa así su recorrido convirtiendo las calles del municipio en escenarios de literatura, memoria y diálogo. En esta ocasión, la Calle Erita se transformó en el punto de encuentro entre quienes tuvieron que marcharse y quienes, décadas después, buscan un lugar al que poder llamar hogar.
